Cómo albergar esperanza ante la enfermedad mental de mi familiar (Parte 1)
- Beatriz Gómez Villanueva
- 17 ene
- 2 Min. de lectura

Vivir con psicosis es una de las vivencias más demandantes y poderosas que puede experimentar un ser querido, ya sean hijos, hermanos, padres o pareja. Así mismo, el dolor de ver que no existen opciones ante el desorden y la anarquía del psicótico desestructura toda la dinámica familiar. Solo quien enfrenta este reto en su orden de hogar puede conocer el sufrimiento hondo de no saber cómo ayudar, al tiempo que se llena de incertidumbre que aviva culpas y la pregunta de qué debió pasar para que el ser amado se perdiera en algo tan incomprensible y discapacitante.
No hay respuestas fáciles, quizás explicaciones cuando el enfermo trató con drogas, pero eso no aminora el dolor y apuntala la culpa, sobre todo si los familiares son los padres. Si nos decantamos por el cuestionamiento del hecho, en sus fases más sórdidas, la desesperación es intensa, sin embargo, en un abordaje de mayor poder amoroso se puede generar una interpretación que rebase lo estrictamente fáctico. Se puede entender, así, que la enfermedad mental es una experiencia de vida, la que, al ser mirada desde una órbita trascendente, puede orientarnos a pensar, primero, que la psicosis no es más enfermedad que otra, que se requiere de paciencia, prudencia y de observar que toda experiencia vital es un reto para acelerar la comprensión del fenómeno, la actitud resiliente de manejar situaciones graves y de acompañar en amor a nuestro enfermo. Por supuesto, cuando el proceso es candente no es fácil albergar esperanza, crecimiento y evolución. Sin embargo, justo estos factores son los que han de dar pie al origen de un verdadero cambio. Cuando se mira el fenómeno psicótico como una experiencia que lleva al límite al enfermo y a la familia, es tiempo de acceder al pensamiento de que por más terrible que sea la experiencia hay caminos. No es lo mejor creer que el agravio será permanente, en oposición a ello solo el amor incondicional, la tolerancia y la idea de que se puede superar la psicosis han de ser luz para abrir paso a la esperanza.
Pero ¿cómo hacer que esto sea una realidad? Se reflexionará en la próxima entrega.



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