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¿Por qué el paciente psiquiátrico se niega a tomar el medicamento?

  • Foto del escritor: Beatriz Gómez Villanueva
    Beatriz Gómez Villanueva
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura
Rechazo al medicamento psiquiátrico
Rechazo al medicamento psiquiátrico


Una de las mayores inquietudes para el familiar del paciente psiquiátrico es que el paciente no quiera medicarse y que, en general, fracase el apego al tratamiento. Este cuestionamiento que abruma a sus seres queridos se finca en la actitud incomprensible del enfermo. Pero ¿qué se suscita en su psique para denostar la medicación? En un primer orden de ideas, podría afirmarse que, para casi cualquier persona, saber que tiene un padecimiento crónico es difícil de asumir por todo lo que conlleva: un cambio de hábitos, de alimentación y de prácticas desarrolladas a lo largo de la vida. En el caso de un paciente declarado como psicótico, el estigma ancestral es inmenso y entenderse como un enfermo que nunca dejará de vivir su condición lo ubica como una persona que

pierde una identidad construida durante mucho tiempo. En numerosas circunstancias, el psicótico niega reconocerse como un enfermo, sobre todo por la característica de tener un padecimiento mental, el que lo identifica como un “anormal”, un desquiciado, un loco.

 

El dolor de tener una etiqueta personal y social que lo identifica como un loco genera un poderoso duelo. Para renegar de ello, el paciente no accede tan fácilmente al tratamiento, escupe las pastillas, las vomita y por su misma situación, a veces paranoide, considera que su ámbito familiar y el mundo general están en su contra. Vive su circunstancia como un ser incomprendido, lejano a una lógica funcional, pues el carácter de su enfermedad lo hace entender su realidad alterna como algo absolutamente real y, en ese sentido, puede llegar a sentir que él es “especial”, a veces con “una misión”, no un loco irredento.

 

Desde luego, no es fácil atender la narrativa del enfermo, pero los familiares o seres queridos que están a cargo del paciente habrían de orientarse hacia medidas alternas que permitan disminuir las ideas delirantes que este tiene. En pacientes que no se apegan a un tratamiento cotidiano pueden recibir un antipsicótico inyectado de depósito, cuya acción terapéutica dura al menos un mes. Esa posibilidad es viable y efectiva para alejar las alucinaciones y el pensamiento disruptivo del enfermo. Es difícil acceder a una medida forzada, pero, desgraciadamente, en ocasiones no hay alternativas. Es sufrido que el ser amado sea violentado, pero al observar el beneficio, todo puede cambiar para el paciente. En ese sentido, cabe valorar la importancia de que una acción como la referida deba acompañarse de fortaleza y contundencia por parte de los familiares. En la medida en que el paciente sea acompañado con serenidad y liderazgo, podrán explorarse caminos psicoterapéuticos que en sinergia con el psicofármaco mejoren su condición para controlar síntomas y acceder a una vida con motivaciones reales no fantásticas.

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